Dos de cada diez niños y adolescentes en Colombia tienen ansiedad y/o depresión. Sin embargo, muchos padres no saben cómo identificarlo, qué hacer con ello o simplemente no creen que sea posible que su hijo lo esté viviendo. Y esa desinformación tiene un costo real.
La periodista Catalina Gallo y el psiquiatra infantil Germán Casas escribieron juntos el libro Un experto responde 150 preguntas sobre ansiedad y depresión, precisamente porque identificaron una brecha enorme entre lo que los padres necesitan saber y la información confiable que encuentran. Lo que presentamos aquí es una síntesis de lo más importante.
Lo primero: la depresión infantil sí existe
Este es el punto de partida del libro y el más difícil de aceptar. La depresión en la infancia no es un invento ni una exageración. Existe, se diagnostica y tiene tratamiento. Negarla no la hace desaparecer; solo retrasa la ayuda.

¿Cuándo preocuparse?
Hay señales concretas que los padres pueden observar: que el niño mencione que siente que algo le pasa, que hable de muerte o que diga que quisiera morirse; que se aísle, se frustre con facilidad o deje de jugar como antes; que presente síntomas físicos sin causa aparente, como dolores de cabeza o de estómago frecuentes. Los reportes del colegio también son clave, porque los docentes pueden comparar el comportamiento con el de otros niños de la misma edad.
Lo importante es recordar que ni los padres ni el colegio hacen los diagnósticos eso lo hacen psicólogos y psiquiatras. Pero sí tienen un papel fundamental en la detección temprana y en mantener al niño en su entorno de aprendizaje, que es un factor de protección para su salud mental.
Ansiedad: ¿capricho o algo más?
Una pregunta que muchos padres se hacen. La diferencia está en que en una pataleta el niño se calma al obtener lo que pide. Con ansiedad, el niño no necesita nada concreto: busca protección, presencia, un vínculo seguro. La ansiedad patológica puede manifestarse con taquicardia, dificultad para respirar, parálisis y le impide al niño llevar una vida cotidiana normal. Cuando eso ocurre, es momento de buscar acompañamiento psicológico.
Una guía para no navegar solos
Informarse no es alarmarse. Es poder acompañar mejor. Reconocer lo que está pasando, no normalizarlo ni minimizarlo, y buscar apoyo profesional a tiempo puede cambiar completamente el camino de un niño.
Fuente: artículo «150 preguntas sobre ansiedad y depresión en niños, niñas y adolescentes» por María Juliana Pacheco Blel, publicado en Bienestar Colsanitas.