¿Por qué tantas mujeres sienten incomodidad al decir su edad? ¿Por qué los 40 se viven como una pérdida, como algo que hay que disimular o superar?
La autora de esta columna llegó a los 40 con una certeza diferente: los años no se restan, se suman. Y ese cambio de perspectiva lo cambia todo.
Desde niña le llamaba la atención la incomodidad que muchas mujeres sentían cuando les preguntaban cuántos años tenían. Como si el tiempo vivido fuera algo de lo que avergonzarse. Hoy, parada en ese número redondo y simbólico, lo ve de otra manera: caminar cuarenta años por esta vida la ha hecho más curiosa, más atenta, más intensa. El dolor vivido no quedó grabado como cicatriz permanente sino como prueba de que el cambio, aunque cuesta, es tan natural como la risa.

Lo que propone este texto no es negar el paso del tiempo ni trivializarlo ni volverlo enemigo. Es enfrentarlo con honestidad y sin miedo. Hablar de la vejez con las amigas. No ocultar las canas ni los años. Dejar que cada etapa llegue con lo que trae, sin la presión de aparentar otra cosa.
Porque llegar a los 40 con más paz, más gratitud y más amabilidad hacia una misma no es un fracaso del tiempo. Es exactamente lo contrario: es la suma más bonita hasta ahora.
Fuente: artículo «Cumplir 40 años: una hermosa suma, no una resta» por Mónica Diago, publicado en Bienestar Colsanitas.